CINE RUMANO: DESDE SUS ORÍGENES HASTA LA NUEVA OLA

El cine se inicia en Rumania el 27 de mayo de 1896, cuando un equipo de los Lumière proyectó en Bucarest varias películas. El 10 de mayo de 1897, Paul Menú, un camarógrafo francés de los Lumière, filmó El desfile real, la primera película que muestra al rey Carol I. Cuando la novedad del cine se apagó, Menú le vendió su cámara-proyector a Gheorghe Marinescu, un prominente neurólogo quien se convertiría en el primer cineasta rumano. Marinescu filmó de 1898 a 1899 varios cortometrajes sobre medicina y fue el primero en el mundo en realizar una película científica: Walking difficulties in organic hemiplegia. Fue hasta 1900 que se empezaron a realizar películas de ficción. La primera fue Amor fatal, de Grigore Brezeanu en 1911, con actores del Teatro Nacional de Bucarest.

Leon Popescu, propietario y gerente de un cine, quien tenía contactos con la élite financiera de Rumania, se dio cuenta de la importancia financiera de la cinematografía, y apoyó la producción de películas relevantes como La independencia de Rumania, de Grigore Brezeanu, en 1912; El romance de una princesa, en 1913; Venganza y El desastre del cielo, en 1913; Ciudadela alemana y El espía, en 1914., y en 1921, el dibujante Aurel Petrescu, realizó la primera película de animación: Păcală en la luna.

En los años treinta la industria del cine enfrentaba diversas complicaciones, y solo pudieron producir de 1930 a 1939 16 películas. Para impulsar la industria fílmica, en 1934 se promulgó una ley para establecer el Fondo Nacional de Cine. Esto permitió que se establecieran varias empresas de sonido y producción. En ese lapso, la Oficina Nacional de Cinematografía produjo Tierra Moţilor, primer documental premiado en el Festival de Cine de Venecia de 1938. En 1939, Ion Şahighian filmó Una noche inolvidable. Y Jean Georgescu su notable film satírico Una noche tormentosa.

Cuando se acabó la Segunda Guerra Mundial, Rumania quedaría bajo la influencia de la Unión Soviética, y en 1947 fue proclamada la República Socialista de Rumania. En noviembre de 1948 se nacionalizó la industria del cine, iniciando así el "período de cine socialista", cuyas producciones impulsaron la ideología política y reforzaron el estereotipo de la clase obrera y sus grandes logros. A partir de 1955 se produjeron siete u ocho películas por año.

La primera realización valiosa fue, en 1951, Insat la noi (Depende de nosotros), de Jean Georgescu y Victor Iliu, en la que narran los comienzos de una cooperativa agrícola. En 1953 Victor Iliu y María Sadowa, filmaron Mitrea Cocor, adaptación de la novela de Michael Sadoveanu. Ion Popescu-Gopo, ganó en Cannes en 1957, la Palma de Oro al mejor cortometraje animado, con Una breve historia.

Tras la revolución en 1989 y la promulgación de la nueva Constitución, en 1991, Rumanía entra a una nueva era en la que se establecen nuevas bases y los directores de cine empiezan a gozar de libertad creativa, libres de censura, pero la industria no logra captar la atención de los inversionistas privados. A inicio del siglo XXI, el cine rumano irrumpe en las competencias internacionales cuando entraron a La Quincena de los Realizadores del Festival de Cannes, en el 2002, los largometrajes El camino de las buenas intenciones, de Cristi Puiu, y Occidente, de Cristian Mungiu. Esto marcaría el comienzo de la llamada NUEVA OLA DEL CINE RUMANO que se distingue por sus películas realistas que muestran la transición del comunismo a una economía de libre mercado, la lucha de los jóvenes a encontrar trabajo, y la corrupción que se encuentra en el nuevo sistema capitalista.

Estéticamente, las películas de la Nueva ola están unidas por un estilo austero, realista y, a menudo, minimalista, y el humor negro tiende a ocupar un lugar destacado.

En el 2004, Cătălin Mitulescu ganó en el Festival de Cannes la Palma de Oro al mejor cortometraje con Trafic y al año siguiente, en ese mismo festival, La muerte del señor Lazarescu, de Cristi Puiu, recibe el premio “Una cierta mirada”. Tres películas importantes de esta nueva ola son: Cómo celebré el fin del mundo, de Catalin Mitulescu, ganadora de “Una cierta mirada” en el Festival de Cannes; Cuatro meses, tres semanas, dos días, de Cristian Mungiu, ganadora de la Palma de oro en el Festival de Cannes 2007 y California dreamin’, de Cristian Nemescus, quien no pudo ver el estreno porque falleció durante la posproducción de la película, pero que obtuvo el premio “Una cierta mirada” en el Festival de Cannes de 2007.
Texto de Jeremías Ramírez Vasillas

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